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Los viñedos de Tempranillo, en La Mancha, recorren el mismo ciclo que sus hermanos del Duero. O casi.
Más sol, más calor, menos humedad, el mismo frío. Un clima continental extremado, en el que gélidos inviernos dan paso, casi sin transición, a ardientes estíos. Hasta 45º C en Verano; hasta -15º C en Invierno; más de tres mil horas de sol directo cada año.
Aunque el terreno es llano, las barreras montañosas que rodean toda la región dificultan la entrada de los frentes húmedos procedentes del mar. Precipitaciones de 300 a 400 mm por año y sequías, a veces prolongadas, castigan esta tierra. Por eso, para asegurar la calidad óptima de la uva en el momento de la vendimia, se hace imprescindible un meticuloso riego por goteo.
Llega Agosto, y, en el momento en que la madurez de la uva es óptima, se procede a la vendimia.
Tras el cuidado del hombre y la obra de la naturaleza en la viña, es el momento de continuar con el proceso de elaboración; se seguirá el mismo tratamiento que en el resto de las bodegas de la familia Fernández Rivera.
La primera añada, la del 99, hizo su debut en Diciembre de 2.001,
después de pasar por fermentación maloláctica y de 16
meses de crianza en barrica de roble, más otros 6 en botella.